El costo de posponer decisiones

24 junio, 2026
1 min read
COMPARTIR

Antonia Lizárraga
Arquitecta Financiera

Hay una idea silenciosa que acompaña a muchas personas durante años:
“todavía hay tiempo”.
Todavía hay tiempo para organizarse. Todavía hay tiempo para prepararse.
Todavía hay tiempo para atender aquello que saben que es importante.
Y mientras esa idea permanece, la vida sigue avanzando.
No solemos pensar en la postergación como algo costoso. De hecho, suele
parecer inofensiva. Después de todo, no estamos tomando una mala decisión;
simplemente estamos dejando una decisión para más adelante.
Sin embargo, muchas de las situaciones que generan preocupación, estrés o
incertidumbre no son consecuencia de una equivocación puntual. Son el resultado
de años de aplazar conversaciones, planes y acciones que sabíamos que
debíamos atender.
Posponemos porque estamos ocupados. Porque existen otras prioridades. Porque
el día a día absorbe nuestra atención. Y porque, en el fondo, asumimos que
tendremos una nueva oportunidad para hacerlo después.
Pero el tiempo tiene una característica que rara vez consideramos: no se detiene
mientras decidimos.
Cada año que pasa modifica nuestras circunstancias, nuestras opciones y nuestro
margen de maniobra. Lo que pudo construirse con calma y previsión termina,
muchas veces, enfrentándose con prisa y urgencia.
He aprendido que la tranquilidad no suele ser producto de la suerte. Tampoco
aparece de manera espontánea. Es el resultado de decisiones tomadas a tiempo,
incluso cuando parecían lejanas o poco urgentes.
Porque no decidir también es una decisión.
Y, con frecuencia, una de las más costosas que podemos tomar.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Último de panorama sinaloa