Cuando un padre fallece, el dolor llega primero. Pero, casi de inmediato, también llegan las decisiones, los trámites y una realidad de la que pocas personas hablan: los gastos.
En cuestión de horas hay que cubrir el servicio funerario, traslados, documentos, certificados y otros pagos que no pueden esperar. En medio del duelo, la familia no solo necesita fortaleza emocional; también necesita liquidez.
Y cuando existen bienes que heredarán los hijos, la historia apenas comienza, regularizar una propiedad, iniciar un juicio sucesorio, pagar honorarios, escrituraciones, impuestos y otros trámites legales puede representar un desembolso importante.
Lo más complicado es que esos gastos aparecen mucho antes de que la familia pueda disponer de los bienes o del patrimonio que dejaron sus padres, es decir, se necesita dinero cuando todavía no se tiene acceso a él.
Por eso, una de las recomendaciones que hago con mayor frecuencia como Arquitecta Financiera es que, si tus padres aún no cumplen 70 años, consideres contratar un seguro de vida temporal para ellos, muchas personas creen que un seguro de vida solo tiene sentido cuando alguien dejará una gran herencia, en realidad, su función más importante es brindar tranquilidad económica en uno de los momentos más difíciles para una familia.
Este tipo de seguros suele tener un costo accesible y puede pagarse de forma semestral o anual. A cambio, ofrece liquidez inmediata para afrontar los gastos que inevitablemente llegan, evitando tener que endeudarse, vender bienes apresuradamente o esperar meses para concluir un proceso legal.
Prepararte para ese momento no significa ser pesimista ni atraer algo malo. Significa actuar con responsabilidad y cuidar a quienes más quieres, incluso cuando ya no estén. Porque después del funeral, muchas veces, apenas comienzan los gastos que nadie
esperaba.
Antonia Lizárraga
Arquitecta Financiera